En esta primera semana tras las vacaciones de verano hacemos balance de una herramienta que empleamos en Atalaya desde 2021 para fortalecer el vínculo con nuestros clientes y proveedores.

La figura del repartidor de periódicos, esa persona generalmente joven que recorría las calles de la ciudad en su bicicleta lanzando el diario a la puerta de cada casa a primera hora de la mañana, forma parte del pasado. Ahora seguimos siendo bombardeados con información, pero ya no literalmente: el oficio de esos chicos y chicas, que se ganaban así sus primeros sueldos, ha sido sustituido –con matices– por las newsletters.
Su traducción literal del inglés es “boletín informativo”, no tiene mayor secreto. Se trata de un recurso empleado tanto por los medios de comunicación como por empresas o asociaciones de todo tipo para, mediante el envío de correos electrónicos con periodicidad variable –diaria, semanal, mensual…–, mantener a la gente al tanto de las últimas noticias, atraer tráfico a su página web o generar interés y aumentar las ventas de un determinado producto, entre otros objetivos.
Como los diarios, son de suscripción voluntaria, aunque en este caso existe una mayor facilidad para segmentar el público en función de diferentes criterios y para personalizar el contenido. El seguimiento estadístico –tasa de apertura de la newsletter, número de clics en cada enlace, porcentaje de rebotes…– facilita el análisis y la posterior depuración de la base de datos y ayuda a formar una comunidad fiel y verdaderamente interesada en el contenido que la empresa en cuestión ofrece.
El ejemplo de Atalaya Comunicación y sus clientes.
Ahora que ya hemos definido esta herramienta, es el momento de pasar de la teoría a la práctica y hacer balance del uso que nosotros mismos, en Atalaya Comunicación, hacemos de ella. La primera newsletter que lanzamos data de noviembre de 2021 y, desde entonces, hemos seguido una periodicidad mensual –con parón en julio y agosto, que las vacaciones de nuestra audiencia son sagradas–. En nuestro caso, la empleamos para dar una segunda vida a los contenidos que publicamos en nuestras redes sociales y nuestra web, trasladándolos de forma más directa a nuestros clientes y proveedores y reforzando, de este modo, nuestra relación con ellos.
Nuestras estadísticas nos indican que el método que seguimos funciona: desde que empezamos a recopilar los datos para evaluar y potenciar la efectividad de este recurso, observamos que la tasa de apertura media de nuestra newsletter se sitúa en un 44%, bastante por encima del 20% que diversos estudios señalan como el límite a partir del cual se considera una buena cifra.
No solo producimos nuestra propia newsletter, sino que también gestionamos la elaboración, diseño y envío de la de distintos clientes. Por ejemplo, en el caso de un colectivo profesional de cuya comunicación nos ocupamos partimos de una premisa y unas condiciones totalmente diferentes, ya que se usa estrictamente como boletín informativo y la base de datos es muy superior a la de Atalaya.
Con un directorio tan amplio, cabría esperar cifras más discretas, pero nada más lejos de la realidad: la tasa de apertura ronda el 43%. Además, esta newsletter destaca por el número de clics, ya que ofrece información exclusiva e interesante para los integrantes de la entidad a los que se dirige, con contenidos originales como entrevistas, noticias del sector catalogadas por especialidades, fotografías propias, etc.
Como vemos, la newsletter es una herramienta con grandes posibilidades y numerosas funciones, que van desde la fidelización hasta la información, pasando por la difusión, el alcance, la venta de un producto o servicio o la solidificación de toda una comunidad. Nosotros no te llevamos el contenido a casa en bicicleta, pero también nos puedes encontrar en tu buzón –electrónico–: es tan sencillo como darte de alta aquí.
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